El premio Nobel de Literatura Günter Grass escribe la autobiografía de sus años de juventud
El libro tendrá entre doscientas y trescientas páginas y comenzará con el estallido de la II Guerra Mundial en 1939, cuando el escritor tenía 12 años
El premio Nobel de Literatura 1999, Günter Grass, trabaja en una autobiografía que abarcará sólo sus años de juventud y terminará a más tardar en 1959. En dicho año el escritor alemán saltó a la fama con su novela
'El tambor de hojalata'. "Se trata, por así decirlo, de mis años de juventud", explicó Grass.
"No me estimula escribir sobre el autor que lleva mi nombre a partir del momento del éxito" que alcanzó en 1959, añadió.
La autobiografía, que tendrá entre doscientas y trescientas páginas, comenzará con el estallido de la II Guerra Mundial en 1939, cuando Grass tenía cerca de 12 años.
Al final de la guerra, Grass tenía 17 años y había pasado por todas las fases típicas de un joven en la Alemania nazi, empezando por la militancia en las juventudes hitlerianas y terminando por la participación en la conflagración bélica como soldado, siendo herido en el campo de batalla.
Grass, nacido en Danzig -la actual Gdansk polaca- se vio obligado al final de la guerra a dejar su ciudad natal, al igual que su familia y todos los alemanes que vivían allí.
Tras la guerra, Grass trabaja como obrero de construcción, aprende a esculpir en piedra, estudia arte en la Academia de Düsseldorf y hace sus primeros viajes al extranjero en autostop.
En 1954 se casa con la estudiante de ballet Anna Margaretha Schwarz y un año después publica su primer libro de poemas y hace su primera lectura ante el llamado Grupo del 47, creado por el editor Hans Werner Richter y que agrupaba a varios escritores que marcarían la literatura alemana en la segunda mitad del siglo XX.
Entre 1956 y 1959, Grass vive en París, aprovechando una beca de su mujer, y escribe "El tambor de hojalata" en una habitación llena de humedad mientras en las calles había una situación política explosiva debido a la guerra de Indochina.
"Cuando uno iba al cine, no podía estar seguro de lo que podía pasar durante la película", aseguró Grass. Cuando el general Charles de Gaulle asumió el poder, según Grass a través de "un especie de golpe militar", el escritor tuvo "el dudoso placer de ser detenido por la policía con un amigo en los Campos Elíseos", una de las más famosas avenidas parisienses.
"Pasé la noche en una estación de policía y vi el comportamiento brutal de la policía parisina con la gente joven. Entonces me dije que si tenía que tener algo que ver con la policía, mejor enfrentarme a una policía cuyo idioma entendiera. Eso aceleró mi regreso a Alemania", contó Grass.
Esas experiencias han llevado a Grass, pese a su "escepticismo con respecto a la literatura autobiográfica" a emprender el intento de relatar los años anteriores a "El tambor de hojalata".
"Además, espero lograr que ese escepticismo se refleje en lo que escribo, aunque no quiero decir mucho más al respecto", agregó. En el pasado, Grass ha publicado dos "informes de taller" que en parte contienen información autobiográfica pero no hacen alusión a los años anteriores a "El tambor de hojalata".
En "Mi siglo" hay un capítulo donde evoca el éxito de su novela más famosa en 1959.
Fuente y Foto:
Estrella Digital
Chile 21 entrega propuestas para el desarrollo del libro
El documento centra el debate en la necesidad de entender el libro como un factor estratégico de desarrollo, al igual como lo hacen los países desarrollados, poniendo énfasis en la necesidad de “una política de Estado que exprese la comprensión del valor del libro y la cultura por parte de la actual generación de chilenos, y el compromiso de todos los actores con su futuro, mediante una ‘discriminación positiva’ hacia el libro”.
Las importaciones de libros cayeron a partir de 1998 desde US$ 36 millones a US$ 20 millones en 2003 y las exportaciones desde US$ 2,8 millones a menos de un millón en el mismo periodo. Las ventas, estimadas en casi US$ 200 millones en 1996 bajaron en 2003 a US$ 110 millones, siendo el año más bajo del período democrático.
Esta es la realidad de la industria literaria en nuestro país, según los resultados de la “Mesa del libro de Chile 21”, que hoy a las 11 de la mañana serán entregados al ministro de cultura José Weinstein en un documento titulado “Una estrategia integral y una política de Estado para el desarrollo de la industria editorial en Chile y el fomento de la lectura”.
Discriminación positiva
El documento centra el debate en la necesidad de entender el libro como un factor estratégico de desarrollo, al igual como lo hacen los países desarrollados, poniendo énfasis en la necesidad de “una política de Estado que exprese la comprensión del valor del libro y la cultura por parte de la actual generación de chilenos, y el compromiso de todos los actores con su futuro, mediante una “discriminación positiva” hacia el libro”. Entre las medidas que hoy no existen, el documento enumera el IVA no diferenciado, escaso acceso a financiamiento de las editoriales locales; altos costos de transporte; bajas adquisiciones para bibliotecas, la masificación de la reprografía (fotocopias) y la débil legislación vigente contra la piratería.
IVA PARA EL CONSENSO
Entre las propuestas de la Mesa, cruzan todos los ámbitos de la actividad literaria, es decir, desde el potenciamiento del Consejo Nacional del Libro y la Lectura hasta impulsar una campaña de fomento de la lectura por un mínimo de cuatro años. También destacan, la posibilidad de otorgar el Premio Nacional de Literatura en forma anual; la creación de una Asociación para el Desarrollo de las Librerías y, una de las más importantes: destinar -como lo propone el documento “Chile Quiere más Cultura”- el 100% de la recaudación del IVA generado por la venta de libros (12 mil millones de pesos anuales) al presupuesto del Consejo y Fondo del Libro y la Lectura.
Fuente: La Nación (Chile)
Hipertexto
¿El fin de los clásicos infantiles?
Qué leen los chicos cuando leen
Los fenómenos masivos aplacan la literatura clásica para los más chicos; los nuevos héroes como Harry Potter oscurecen a Hansel y Gretel o Pulgarcito. Sin embargo, hay un sobreviviente: El principio, que sigue al tope de las listas de ventas desde su desembarco en la Calle Corrientes.
A diferencia que en la saga de J.K. Rowling, Harry Potter parece ser el malo de la película cuando se habla de literatura infantil. El boom generado tras la aparición de Harry Potter y la Piedra Filosofal, su llegada al cine, su paso a los juegos electrónicos, el despliegue de merchandising y los nuevos títulos (Harry Potter y la Cámara Secreta, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Harry Potter y el cáliz de fuego, Harry Potter y la Órden del Fénix) obligan a la afirmación: si el objetivo es que los chicos lean, hay que comprarles las historias de Potter.
Y lo del malo de la película tiene que ver con la variedad de lecturas y no con la cantidad de libros vendidos o, ni siquiera, con el hábito de leer. Nadie se sorprendería si le juraran que, desde la aparición del primer título del maguito de Hogwarts, más chicos se acercaron a la lectura por interés, por curiosidad o por contagio.
Pero no es sólo Harry Potter el que concentra la atención de los consumidores de literatura infantil (los chicos que leen y los papás que compran). La mayoría de los títulos que tienen que ver con fenómenos surgidos de la televisión y del cine son también los favoritos a la hora de adquirir libros para chicos.
Es por eso que títulos como Los increíbles, el regreso de los héroes (el nuevo film de los creadores de Buscando a Nemo) o Barbie en la Princesa y la Plebeya (de Kapelusz y Planeta, respectivamente) figuran bien alto en la ranking de libros más vendidos del género en las sucursales de Cúspide.
Pero ¿Qué pasa con los clásicos? ¿Ya nadie lee los cuentos típicos de la niñez de antaño? ¿Qué pasa con Charles Perrault, Hans Christian Andersen, Lewis Carrol o hasta Julio Verne? Según Cristian Pereira, de la sucursal de Recoleta de Cúspide, ese tipo de clásicos es consumido principalmente por... ¡las abuelas!: “Los papás no vienen a buscar ese tipo de libros, por lo general son las abuelas las que quieren que sus nietos lean las historias clásicas, porque son las que ellas más conocen”. Según el librero, ellos tratan de recomendar clásicos, pero sin grandes resultados: “Los proponemos porque sabemos de la calidad de esos textos. Sin embargo, no funciona a nivel de ventas. Se venden constantemente a lo largo del tiempo, pero en cantidades ínfimas”. Pero aclara: “Si la colección está bien diseñada y atractivamente ilustrada, los chicos las detectan y las eligen”.
“A diferencia de lo que pasa en adultos, en infantiles la literatura nacional es absolutamente prioritaria. Es decir, los chicos leen muchos más autores nacionales que extranjeros. Supongo que tiene que ver con el muy buen trabajo que hacen los bibliotecarios y los docentes para difundir la literatura local”, dice Amalia Sanz, responsable de prensa del grupo Santillana. Sanz asegura que autoras como María Elena Walsh y Elsa Borneman, con más de treinta años en el oficio, son indiscutiblemente “dos nombres clásicos del género infantil”.
Pero los hábitos de lectura de los pequeños tienen mucho que ver con las conductas lectoras de sus papás. Por eso vale la pena recorrer algunas experiencias paternas. Diana tiene 45 años, y un hijo de 15 y relata: “Cuando mi hijo Álvaro era chiquito, le elegía los libros por las tapas y los colores, lo que intentaba era que a él le llamara la atención algo: la textura, el color, el formato. Y eso dio resultado porque ahora es un adolescente muy lector. Hoy es un fanático de Harry Potter y también leyó toda la saga de El Señor de los anillos. Ahora él solo está leyendo algunos clásicos”.
Adrián Nardi no duda de la influencia de la televisión y del cine en su hija Sofía (9 años), pero espera más: “A mí me preocupaba que Sofía no leyera. Por un tema económico, un día decidimos cortar el cable. Como no tenía dibujitos todo el día, empezó a leer. Al principio, leía todo lo que tenía a mano y, ahora, es más selectiva. Le encanta Harry Potter pero también se anima a otras cosas. No tiene autores preferidos y lee muchos clásicos porque se los regaló su abuela. Es como una combinación de buenas lecturas y contagio con los amiguitos. Lo más piola es que, cuando contratamos otra vez el cable, no perdió el hábito de la lectura”.
A pesar de todo, El principito, el clásico de Antoine De Saint Exupery, es uno de los libros más vendidos en Argentina. Según el ranking de Cúspide, es el sexto libro más vendedor del género (en una sola de sus tantas ediciones).
¿Pero por qué El principito revivió en estas tierras? La respuesta, además de la calidad artística de la obra, puede tener que ver con su no muy lejando desembarco en la calle Corrientes. A partir del estreno del musical en el Teatro Ópera, las ventas de esa obra se incrementaron (además, la obra esté adaptada a todos los bolsillos según las distintas ediciones).
Si no hubiera sido por el teatro y las publicidades de TV: ¿El clásico de Expupery hubiera corrido el mismo destino de ventas que Pulgarcito, El gato con botas, El traje nuevo del emperador, Los viajes de Gulliver y tantas otras historias de otro tiempo?
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