¿Cómo serán los libros del futuro?
Los principales actores internacionales de la industria editorial se reunieron en un simposio en Barcelona para analizar temas como la distribución y difusión de libros. Google, que hace unos días anunció al mundo su intención de impulsar bibliotecas on line junto a Yahoo, Amazon y Microsoft, se adelanta a un eventual conflicto y afirma que “no somos competencia de las editoriales, vivimos de la publicidad”.Xavi Ayen
Barcelona fue por algunos días una suerte de estrella en la galaxia de la industria editorial. Algunos de los principales actores internacionales del mundo del libro se reunieron en la capital catalana para debatir sobre “Els futurs” de la industria editorial, un simposio que coordinó la agente literaria Anna Soler-Pont en el marco del “Any del Llibre i la Lectura”. El fragor de la batalla que enfrenta a editoriales de todo el mundo con el buscador Google -que tiene la firme intención de crear en Internet la mayor biblioteca de la historia- se trasladó a los salones de la flamante biblioteca Jaume Fuster, en la plaza Lesseps, sede de las jornadas.
La gran dama de la edición
Jane Friedman es la gran dama de la industria editorial norteamericana, y su nombre figura a menudo en las listas de mujeres más influyentes de Estados Unidos. Presidenta y consejera delegada del grupo Harper Collins (propiedad del magnate Rupert Murdoch), su reino se extiende por países como el Reino Unido, Australia, Nueva Zelandia y Canadá (y apunta que “tal vez sea un buen momento para entrar en España”). “Me gusta hacer dinero, y esto es un negocio”, afirma sin los pudores de algunos de sus colegas europeos. Asegura que “jamás se habían leído y comprado tantos libros en el mundo, nuestras cifras de negocio lo demuestran claramente” y que “el cine nos ayuda enormemente a vender libros, no hay más que ver ‘El señor de los anillos’ o lo que está a punto de suceder con ‘Narnia’ de C. S. Lewis a raíz del estreno del filme”.
Para ella, “no es posible crear un best seller simplemente invirtiendo mucho dinero en un título. Pero el marketing cuesta dinero, y por eso decidimos lo que invertimos en promoción según nuestros cálculos de posibilidades de venta. Es decir, nos gastamos el diez por ciento del coste total de un libro en promoción, por lo que si se trata de un autor famoso, al que le hemos pagado un gran anticipo, invertimos más en promocionarlo... para poder recuperar nuestro dinero”.
25 millones de autoayuda cristiana
Friedman puede presumir de haber lanzado el mayor best seller editorial de su país, el libro de autoayuda religiosa “Purpose-Driven Life”, del pastor Rick Warren, que lleva ya vendidos 25 millones de ejemplares con sus consejos “para acercarse a Cristo”. Sobre la concentración editorial, explica que “ahora hay cinco grandes grupos en EEUU, que se reparten el mercado. Eso clarifica las cosas y permite compartir servicios a las editoriales del mismo grupo, pero al mismo tiempo hay que vigilar para que cada sello no pierda su personalidad. Creo que se trata de ciclos, porque ahora empiezan a surgir pequeñas editoriales independientes, que más tarde serán absorbidas por una grande”. Optimista por naturaleza (“si eres pesimista, las cosas te salen mal”), no ve a las grandes cadenas de venta -los supermercados Wal-Mart- como una amenaza sino, al contrario, “con su política de descuentos nos hacen vender muy bien ciertos géneros, como las novelas románticas, la autoayuda, los libros infantiles y las Biblias”. Sobre el precio fijo que impera en España por ley sobre los libros, afirma: “Nosotros, en EEUU, tenemos el descuento fijo, es decir, una regulación de hasta dónde puede llegar la rebaja, pero el gobierno no impone restricciones a los libros. Un precio fijo muy bajo, que permitiera a todo el mundo acceder a los libros, estaría bien... pero no creo que sea eso lo que pasa. No voy a opinar más, porque sólo me faltaría entrar en conflicto con su gobierno” (el español).
“No existen libros sin derechos”
El gran proyecto de biblioteca Google -por el que el mayor buscador del mundo colocará en internet los fondos de algunas de las principales salas de lectura del mundo, con posibilidad de que cada usuario se imprima el volumen- despierta recelos entre los editores. Friedman, por ejemplo, cree que “Google debería respetar el copyright, y actualmente estamos trabajando duro para que ello sea posible... aunque todavía no hay solución”. Ante el argumento que da el buscador de que los libros que se incluyen completos corresponden a autores cuyos derechos ya han expirado, Friedman responde: “El copyright no tiene que ver con si un autor está muerto o no, hay normas al respecto que funcionan desde hace muchos años y deben ser respetadas. Google escanea los libros, y esos libros son propiedad de los editores, están copiando libros que no son suyos”.
El hombre de Google
Rabin Yaghoubi, director de desarrollo estratégico de Google, es un joven ejecutivo que concentra su destacable capacidad oratoria en convencer a los editores presentes en el simposio de que su proyecto de crear una biblioteca con millones de volúmenes, en el fondo, les beneficia. “En primer lugar -comenta- sólo introduciremos libros cuyos derechos han caducado, eliminando todas las referencias y notas a pie de página que se consideren propiedad del estudioso que ha trabajado el texto. Permitiremos rescatar libros que ya estaban descatalogados, que no se encontraban en el mercado. Queremos poner ese saber a disposición de todo el mundo. Hemos desarrollado un revolucionario método de búsqueda inteligente, que permitirá a cualquier investigador introducir, por ejemplo, la palabra Gaudí y que le aparezcan listas no sólo los libros que existen sobre el arquitecto, sino también aquellos que hablan de sus amigos, de arquitectura o de modernismo”. Yaghoubi opina que “nadie puede detener la biblioteca Google” porque “somos escrupulosos con la ley. En EEUU no existe ningún impedimento legal a nuestro proyecto. Y, en Europa, para disipar cualquier duda, estamos escaneando sólo libros del dominio público anteriores al año 1900. En todo el mundo, en el caso de autores vivos, pactaremos con ellos o con sus editoriales qué porcentaje de la obra introducimos, e incluiremos links para que el internauta pueda comprar el título completo en una librería, lo que incrementará los beneficios de las editoriales. Incluso bloquearemos el acceso a los libros desde los países en los que no hayamos pactado derechos”. “No somos competencia -continúa- para las editoriales. El 80 por ciento de nuestros ingresos procede de la publicidad. Los autores que han protestado muestran reticencias injustificadas, acaso fruto de una deficiente explicación por nuestra parte”.
© La Vanguardia
(The New York Times Syndicate)
Fuente: La Nacion (Cl)
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