29.8.05

Hipertexto

¿El fin de los clásicos infantiles?
Qué leen los chicos cuando leen


Los fenómenos masivos aplacan la literatura clásica para los más chicos; los nuevos héroes como Harry Potter oscurecen a Hansel y Gretel o Pulgarcito. Sin embargo, hay un sobreviviente: El principio, que sigue al tope de las listas de ventas desde su desembarco en la Calle Corrientes.


A diferencia que en la saga de J.K. Rowling, Harry Potter parece ser el malo de la película cuando se habla de literatura infantil. El boom generado tras la aparición de Harry Potter y la Piedra Filosofal, su llegada al cine, su paso a los juegos electrónicos, el despliegue de merchandising y los nuevos títulos (Harry Potter y la Cámara Secreta, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Harry Potter y el cáliz de fuego, Harry Potter y la Órden del Fénix) obligan a la afirmación: si el objetivo es que los chicos lean, hay que comprarles las historias de Potter.


Y lo del malo de la película tiene que ver con la variedad de lecturas y no con la cantidad de libros vendidos o, ni siquiera, con el hábito de leer. Nadie se sorprendería si le juraran que, desde la aparición del primer título del maguito de Hogwarts, más chicos se acercaron a la lectura por interés, por curiosidad o por contagio.


Pero no es sólo Harry Potter el que concentra la atención de los consumidores de literatura infantil (los chicos que leen y los papás que compran). La mayoría de los títulos que tienen que ver con fenómenos surgidos de la televisión y del cine son también los favoritos a la hora de adquirir libros para chicos.


Es por eso que títulos como Los increíbles, el regreso de los héroes (el nuevo film de los creadores de Buscando a Nemo) o Barbie en la Princesa y la Plebeya (de Kapelusz y Planeta, respectivamente) figuran bien alto en la ranking de libros más vendidos del género en las sucursales de Cúspide.


Pero ¿Qué pasa con los clásicos? ¿Ya nadie lee los cuentos típicos de la niñez de antaño? ¿Qué pasa con Charles Perrault, Hans Christian Andersen, Lewis Carrol o hasta Julio Verne? Según Cristian Pereira, de la sucursal de Recoleta de Cúspide, ese tipo de clásicos es consumido principalmente por... ¡las abuelas!: “Los papás no vienen a buscar ese tipo de libros, por lo general son las abuelas las que quieren que sus nietos lean las historias clásicas, porque son las que ellas más conocen”. Según el librero, ellos tratan de recomendar clásicos, pero sin grandes resultados: “Los proponemos porque sabemos de la calidad de esos textos. Sin embargo, no funciona a nivel de ventas. Se venden constantemente a lo largo del tiempo, pero en cantidades ínfimas”. Pero aclara: “Si la colección está bien diseñada y atractivamente ilustrada, los chicos las detectan y las eligen”.


“A diferencia de lo que pasa en adultos, en infantiles la literatura nacional es absolutamente prioritaria. Es decir, los chicos leen muchos más autores nacionales que extranjeros. Supongo que tiene que ver con el muy buen trabajo que hacen los bibliotecarios y los docentes para difundir la literatura local”, dice Amalia Sanz, responsable de prensa del grupo Santillana. Sanz asegura que autoras como María Elena Walsh y Elsa Borneman, con más de treinta años en el oficio, son indiscutiblemente “dos nombres clásicos del género infantil”.


Pero los hábitos de lectura de los pequeños tienen mucho que ver con las conductas lectoras de sus papás. Por eso vale la pena recorrer algunas experiencias paternas. Diana tiene 45 años, y un hijo de 15 y relata: “Cuando mi hijo Álvaro era chiquito, le elegía los libros por las tapas y los colores, lo que intentaba era que a él le llamara la atención algo: la textura, el color, el formato. Y eso dio resultado porque ahora es un adolescente muy lector. Hoy es un fanático de Harry Potter y también leyó toda la saga de El Señor de los anillos. Ahora él solo está leyendo algunos clásicos”.


Adrián Nardi no duda de la influencia de la televisión y del cine en su hija Sofía (9 años), pero espera más: “A mí me preocupaba que Sofía no leyera. Por un tema económico, un día decidimos cortar el cable. Como no tenía dibujitos todo el día, empezó a leer. Al principio, leía todo lo que tenía a mano y, ahora, es más selectiva. Le encanta Harry Potter pero también se anima a otras cosas. No tiene autores preferidos y lee muchos clásicos porque se los regaló su abuela. Es como una combinación de buenas lecturas y contagio con los amiguitos. Lo más piola es que, cuando contratamos otra vez el cable, no perdió el hábito de la lectura”.


A pesar de todo, El principito, el clásico de Antoine De Saint Exupery, es uno de los libros más vendidos en Argentina. Según el ranking de Cúspide, es el sexto libro más vendedor del género (en una sola de sus tantas ediciones).


¿Pero por qué El principito revivió en estas tierras? La respuesta, además de la calidad artística de la obra, puede tener que ver con su no muy lejando desembarco en la calle Corrientes. A partir del estreno del musical en el Teatro Ópera, las ventas de esa obra se incrementaron (además, la obra esté adaptada a todos los bolsillos según las distintas ediciones).


Si no hubiera sido por el teatro y las publicidades de TV: ¿El clásico de Expupery hubiera corrido el mismo destino de ventas que Pulgarcito, El gato con botas, El traje nuevo del emperador, Los viajes de Gulliver y tantas otras historias de otro tiempo?

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